viernes, 19 de septiembre de 2008

MENSAJE EN LA CONCLUSIÓN DEL RAMADÁN

Enviado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 19 de septiembre de 2008 (ZENIT.org).-



Publicamos el mensaje que ha envidado en la conclusión del Ramadán el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso a los musulmanes del mundo. El tema de este año es "Cristianos y musulmanes: juntos por la dignidad de la familia".

MENSAJE EN LA CONCLUSIÓN DEL RAMADÁN

‘ID Al-FITR 1429 H. / 2008 A.D.

Queridos amigos musulmanes:

Al acercarse el final del Ramadán, siguiendo una tradición consolidada, el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso se complace en saludarles cordialmente. Durante este mes, algunos cristianos se han acercado a vosotros y han compartido vuestras reflexiones y celebraciones familiares: el diálogo y la amistad se han reforzado. ¡Alabado sea Dios!

Como en el pasado, este encuentro amistoso es ocasión para reflexionar juntos acerca de un tema de actualidad. Un tema que, enriqueciéndonos mutuamente nos ayude a conocernos mejor; a conocer nuestros valores comunes y nuestras diferencias. Para este año, quisiéramos proponeros el tema de la familia.

Uno de los documentos del Concilio Vaticano II, la Constitución Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, afirma: "El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. Por eso los cristianos, junto con todos lo que tienen en gran estima a esta comunidad, se alegran sinceramente de los varios medios que permiten hoy a los hombres avanzar en el fomento de esta comunidad de amor y en el respeto a la vida y que ayudan a los esposos y padres en el cumplimiento de su excelsa misión; de ellos esperan, además, los mejores resultados y se afanan por promoverlos" (n. 47).

Estas palabras nos recuerdan que el desarrollo de la persona y de la sociedad dependen en gran medida de la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar. ¿Cuántos sobrellevan, a veces durante toda su vida, las heridas producidas por una situación familiar difícil o dramática? ¿cuántas personas, buscando llenar el vacío de una infancia atormentada, se precipitan en el abismo de la droga o de la violencia? Nosotros, cristianos y musulmanes, podemos y debemos trabajar juntos para proteger la dignidad de la familia, hoy y siempre.

Dado que cristianos y musulmanes tenemos en gran estima la familia, hemos podido colaborar varias veces en este campo, tanto a nivel local como internacional. La familia, lugar del amor y la vida, espacio donde el respeto por los demás y la hospitalidad se encuentran y se trasmiten, es indudablemente la "célula fundamental de la sociedad".

Cristianos y musulmanes no pueden hesitar ante el compromiso. No solamente para ayudar a las familias que atraviesan dificultades, sino también para colaborar con los que, de manera convencida, favorecen la institución familiar y el ejercicio de la responsabilidad de los padres, particularmente en el campo educativo. No es entonces superfluo recordar que la familia es la primera escuela donde se aprende el respeto por el otro, en su identidad y diferencia. El diálogo interreligioso y el ejercicio de la ciudadanía se beneficiarían de esta experiencia familiar.

Queridos amigos, al terminar vuestro ayuno, purificados y renovados por la prácticas entrañables de vuestra religión, ¡os deseamos una vida serena y próspera junto a vuestras familias y vuestros seres queridos! ¡Que el Dios Altísimo os colme a todos de su misericordia y de su paz!

Jean-Louis Card. Tauran

Presidente

Arzobispo Pier Luigi Celata

Secretario

[Traducción enviada por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso]

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