martes, 1 de enero de 2019

El euro cumple 20 años todavía en la pelea para ganarle terreno al dólar

Bruselas,01/01/2019, elpais.com


Dos décadas después, sigue siendo la segunda moneda mundial pese a su pérdida de peso tras la Gran Recesión

Europa vivió en la Nochevieja de 1998 uno de los momentos más trascendentes desde los inicios de su integración. A medianoche, mientras millones de ciudadanos daban la bienvenida a 1999, once países adoptaban la nueva moneda que había alumbrado el continente: el euro. Los ciudadanos no lo llevarían en sus bolsillos hasta tres años más tarde, pero ese día Alemania, Francia o España renunciaron al marco, el franco o la peseta y las integraron bajo el paraguas supervisor del Banco Central Europeo (BCE). Las acciones en las bolsas, que acogieron con entusiasmo la nueva moneda, empezaron a denominarse en euros. Y también lo hicieron préstamos o el pago de tributos. Dos décadas después, y tras una recesión que amenazó su supervivencia, los ahora 19 países de la moneda única afrontan el reto de completar la arquitectura del euro y relanzarlo a nivel internacional.

El corresponsal de EL PAÍS en Bruselas Walter Oppenheimer, contaba en sus magníficas crónicas sobre la puesta de largo del euro que no había sido fácil llegar hasta allí. “Tras años de penas, de dudas, de inmensas vacilaciones, de querellas internas, [Europa] ha sabido crear su mejor imagen de marca: el euro, su moneda”. Y en eso, 20 años después, Europa apenas ha cambiado. Necesitó pasar por la Gran Recesión para darse cuenta de que la moneda única necesitaba ser apuntalada con una Unión Bancaria e instrumentos fiscales comunes que acompañen la acción del BCE. En lo primero, los ahora 19 socios del euro van dando costosos pasitos, a la espera de poder avanzar en un fondo de garantías de depósitos común. En lo segundo, prácticamente todo está por hacer t los defensores de herramientas comunitarias para hacer frente a las crisis (Francia, España, Portugal y, a regañadientes, Alemania) se topan con los férreos partidarios de la disciplina fiscal a nivel nacional (Holanda o Finlandia).


Imagen del 31 de diciembre de 1998. El presidente de la comisión Europea y el comisario europeo para Asuntos Monetarios, Yves Thibault de Silguy destapan el panel de cambio de divisas de los 11 países que estrenaron el euro PHILIPPE HUGUEN AFP

En la agenda del próximo semestre hay el desarrollo de un primer presupuesto de la zona euro. De momento, los países están de acuerdo en que sirva para la “convergencia” y la “competitividad”, pero no en que pueda actuar como un estabilizador en tiempos de crisis. La Francia de Emmanuel Macron deberá mantener un pulso con la Holanda de Mark Rutte para lograr un instrumento de largo alcance. No están solos: Francia cuenta con Alemania, España y Portugal. Holanda tiene de su lado a Irlanda y Finlandia. Y la Comisión Europea parece dispuesta a poner sobre la mesa una propuesta ambiciosa. De momento, el acuerdo es de mínimos y se prevén debates enconados en el seno del Eurogrupo. Pero como escribió Xavier Vidal-Folch, también corresponsal en Bruselas cuando el euro echó a andar, ese instrumento ha saltado “desde el limbo de lo deseable descrito (desde 2012) en los papeles de reflexión estratégica al primer documento vinculante”.


Portada de EL PAÍS de el 31 de diciembre de 1998, con la bienvenida del euro

Poner fin a esa estructura para el euro es una de las condiciones para que la moneda pueda hacer sombra al dólar. “El euro competirá con el dólar desde el lunes”, se titulaba, de hecho, la crónica de Oppenheimer. “Ahora es la segunda moneda más utilizada del mundo, con 60 países que vinculan sus monedas al euro de una u otra manera. Pero debemos hacer más para permitir que nuestra moneda desempeñe su rol de forma plena en el ámbito internacional”, aseguró el presidente de la Comisión Europea, Jean-Cleaude Juncker, en su discurso sobre el Estado de la Unión el pasado mes de septiembre.

La Gran Recesión supuso un frenazo para el avance del euro frente al dólar. Si en 2009 representaba el 24,5% de las reservas mundiales, el año pasado esa proporción era del 20,1%, según el último informe del BCE. Pero también se desplomó el volumen de deuda externa denominada en euros, que pasó del 40% de antes de la crisis hasta el 20%, prácticamente el mismo nivel con el que arrancó hace dos décadas.

Recuperar autoridad
El dominio del dólar se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, con las recientes sanciones a Irán. Pocas horas después de que se hicieran efectivas, el consorcio de mensajería financiera Swift –que enlaza a más de 11.000 entidades financieras de todo el planeta— dejó de operar con el país, que quedaba prácticamente aislado al poner un enorme obstáculo para que las empresas europeas puedan seguir con sus negocios en Irán. Pero la autoridad de la divisa norteamericana también queda clara al observar, por ejemplo, las ventas de la compañía europea Airbus, el 50% de las cuales están denominadas en dólares.


Un panel de la Bolsa de Madrid muestra el cambio de euros y pesetas en el primer día de cotización de la moneda única, el 4 de enero de 1999 ULY MARTIN

En un reciente estudio para el think tank Bruegel de Francesco Papadia y Konstantinos Efstathiou, se considera complejo que el dólar pueda perder su posición, pero sí ve posible que el euro aumente su participación en el mercado mundial de divisas. El informe pone énfasis en que la Gran Recesión exhibió que “el rol internacional del euro está vinculado a la estabilidad general del euro”. Y para ello apuesta por completar la Unión Bancaria y del mercado de capitales, la emisión de bonos “federales” y políticas económicas y fiscales a nivel comunitario.

La Comisión Europea publicó este mes una comunicación para relanzar el euro como moneda internacional que ya recogía la necesidad de seguir profundizando en la Unión Económica y Monetaria. Y proponía medidas concretas en el ámbito de la energía, de las materias primas y sectores como el aeronáutico. Todos ellos, a su juicio, deberían denominar sus transacciones en euros. “El euro se ha convertido en un símbolo de unidad, soberanía y estabilidad. Ha brindado prosperidad y protección a nuestros ciudadanos y debemos asegurarnos de que continúe haciéndolo. Por ello trabajamos con tesón para completar nuestra Unión Económica y Monetaria e impulsar el papel internacional del euro”, reiteró en comunicado Juncker. De momento, Europa deberá decidir si avanza ahora, cuando aún hay bonanza, o vuelve a hacerlo a golpe de crisis.

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