viernes, 31 de octubre de 2008

El poeta del barro

Un libro de Manuel Pimentel recupera a Abu Isaq Es Saheli, un «genio granadino» con una vida apasionante y una enorme influencia como arquitecto

Granada,31.10.08,ideal.es,INÉS GALLASTEGUIArquitectura de Abu Ishaq de Al Andalus

ABU Isaq Es Saheli tuvo una vida tan apasionante como León el Africano, otro escritor granadino. Poeta y arquitecto nacido en 1290, salió de su tierra exiliado y viajó por Damasco, Yemen, La Meca, Fez, Bagdad y El Cairo, pero fue en Tombuctú (Mali), donde dejó muestras extraordinarias de su estilo, el sudanés, que no sólo contagió a sus contemporáneos en África, sino que influyó en artistas modernos como Antonio Gaudí o Miguel Barceló. Así lo asegura Manuel Pimentel, escritor, empresario y ex político sevillano, que acaba de publicar 'El arquitecto de Tombuctú' (Umbriel Editores).

La narración en primera persona comienza en 1337, cuando el arquitecto granadino llega a Fez como embajador de Kanku Mussa, emperador del Reino de los Negros. Allí es víctima de un envenenamiento ordenado por el rey de Tremecén. El incidente desata la guerra entre las dos ciudades, aunque el telón de fondo es el control de las rutas comerciales de las caravanas.

Perfumes y bohemia

Mientras se recupera, el alarife comienza a escribir sus memorias, que arrancan en la bella y bulliciosa Granada de finales del siglo XIII. Su infancia transcurre entre perfumes y esencias, ya que su padre era el alamín del gremio de los perfumeros, es decir, el responsable de controlar la calidad y las medidas de sus productos.

Abu Isaq vivió una juventud agitada y bohemia, entre el descubrimiento de la poesía, el vino y el anacardo (droga de la memoria), la ambigüedad sexual y las intrigas políticas. Llegó a ser notario de Granada y secretario de la Chancillería de la Alhambra. Pero sus excesos le hicieron caer en la herejía y fue condenado al destierro durante 10 años.

Palacios y mezquitas

Embarcó en Almuñécar y comenzó su viaje por África, que se convertiría en su hogar definitivo. Visitó El Cairo, Damasco, Bagdad y La Meca. Allí conoció a Kanku Mussa, que le pidió que le acompañase a Tombuctú, donde vivió desde 1325 hasta su muerte.

En esta ciudad del Sahel -el 'cinturón' al sur del desierto del Sahara que divide el continente negro de este a oeste- el poeta se convirtió en «un arquitecto maravilloso». Pimentel recuerda que no sólo erigió los más bellos palacios y mezquitas en la ciudad malí, sino que muchos constructores de la época sembraron África con edificios de su estilo.

El escritor recuerda que el alarife granadino había viajado por las más bellas ciudades del Islam y visto los más suntuosos palacios, y sin embargo sus creaciones, hechas de madera de acacia y adobe, parecen una hermosa y espiritual prolongación de la misma tierra. «Poeta soy, y la arquitectura es la poesía del barro y la piedra. Por eso, al igual que canto y recito, algún día levantaré palacios y mezquitas», escribió.

El gran templo musulmán del Níger, que Es Saheli construyó en 1327, es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. La ciudad malí compitió el año pasado con la Alhambra por el título de Nueva Maravilla. Las dos perdieron.

Abu Isaq Es Saheli vivió una vida de aventuras sin dejar de sentir siempre añoranza de su querida Al Andalus. Murió en 1346 en el patio de la mezquita de Djinguereiber, su obra predilecta. Nunca volvió a Granada.

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